El pazo es una vivienda solariega, propia de Galicia, que hace su aparición a finales del siglo XV. En las postrimerías de este siglo, los Reyes Católicos apoyan las revueltas irmandiñas, logrando derrotar y someter a los señores feudales gallegos, entre los cuales se encontraba el mariscal Pardo de Cela, Pedro Madruga, la Casa de Andrade y los condes de Lemos. Esto, originó la pacificación de Galicia; consecuentemente, convirtió el pazo, que inicialmente era una fortaleza, en una vivienda destinada a la convivencia de los señores con su entorno y, esencialmente, a la administración de los recursos y propiedades de los dueños.
Regularmente, los pazos tienen un cuerpo central al que se le adosa una o dos torres. Además, posee entre sus componentes característicos : una solana, un pórtico con arcos y columnas, una lareira (cocina), jardines, grandes escaleras de granito, la capilla, el escudo de armas, un hórreo, el alpendre y un palomar. Por otro lado, generalmente, cuentan con dos plantas: la planta baja, en donde se encuentran las cuadras y almacenes; y la planta superior, destinada a los señores. Todo esto, rodeado de un gran muro de piedra, en cuyo recorrido deja ver arcos de medio punto, que forman parte de las puertas de acceso y que, usualmente, son de gran belleza barroca.
La construcción se realiza con sillería y mampostería de granito, alcanzando sus muros casi un metro de espesor; la madera más empleada en los pisos, vigas y techos es el castaño; así como las cubiertas, a tres o cuatro aguas, frecuentemente, son de losa de pizarra.
Existe un dicho popular que lo define muy bien y en forma breve: "Casa grande, capilla y ciprés, pazo es". En cuanto a la estructura social, el feudalismo, se hace evidente en una máxima, propia de aquellos tiempos: "Ten la tierra y tendrás al hombre".
Estas construcciones emblemáticas de Galicia, tan ligadas al granito, la pizarra, el monte, el verde, el agua, la tradición y la morriña, son testigos de la historia gallega; una historia, marcada por el enigma, el mito y la lucha por conservar la identidad de un pueblo, que ve en el pazo un representante digno de su patrimonio.
El pazo es una vivienda solariega, propia de Galicia, que hace su aparición a finales del siglo XV. En las postrimerías de este siglo, los Reyes Católicos apoyan las revueltas irmandiñas, logrando derrotar y someter a los señores feudales gallegos, entre los cuales se encontraba el mariscal Pardo de Cela, Pedro Madruga, la Casa de Andrade y los condes de Lemos. Esto, originó la pacificación de Galicia; consecuentemente, convirtió el pazo, que inicialmente era una fortaleza, en una vivienda destinada a la convivencia de los señores con su entorno y, esencialmente, a la administración de los recursos y propiedades de los dueños.
Regularmente, los pazos tienen un cuerpo central al que se le adosa una o dos torres. Además, posee entre sus componentes característicos : una solana, un pórtico con arcos y columnas, una lareira (cocina), jardines, grandes escaleras de granito, la capilla, el escudo de armas, un hórreo, el alpendre y un palomar. Por otro lado, generalmente, cuentan con dos plantas: la planta baja, en donde se encuentran las cuadras y almacenes; y la planta superior, destinada a los señores. Todo esto, rodeado de un gran muro de piedra, en cuyo recorrido deja ver arcos de medio punto, que forman parte de las puertas de acceso y que, usualmente, son de gran belleza barroca.
La construcción se realiza con sillería y mampostería de granito, alcanzando sus muros casi un metro de espesor; la madera más empleada en los pisos, vigas y techos es el castaño; así como las cubiertas, a tres o cuatro aguas, frecuentemente, son de losa de pizarra.
Existe un dicho popular que lo define muy bien y en forma breve: "Casa grande, capilla y ciprés, pazo es". En cuanto a la estructura social, el feudalismo, se hace evidente en una máxima, propia de aquellos tiempos: "Ten la tierra y tendrás al hombre".
Estas construcciones emblemáticas de Galicia, tan ligadas al granito, la pizarra, el monte, el verde, el agua, la tradición y la morriña, son testigos de la historia gallega; una historia, marcada por el enigma, el mito y la lucha por conservar la identidad de un pueblo, que ve en el pazo un representante digno de su patrimonio.
J.C.I. (GRIJU) CARROCID (11/08/2009)