Es increíble como seguimos viendo que la gente se burla de cualquiera que sea diferente. ¿Tú has visto cómo han aumentado los casos de acoso escolar en los últimos años? ¿Tú ves normal que niños y adolescentes lleguen a sufrir tanto por culpa de otros compañeros que les hacen la vida imposible? ¿Cuándo dejamos de ser personas para convertirnos en seres incapaces de mirar al otro con un mínimo de empatía? Parece que, en cuanto una persona no actúa exactamente igual que la mayoría, la gente lo nota y la convierte en un blanco fácil de burlas, rechazo o comentarios crueles. Y, sinceramente, no lo entiendo.
Todos somos diferentes: hay personas altas, bajas, tímidas, extrovertidas, más rápidas aprendiendo unas cosas y más lentas con otras. Y eso también pasa en nuestro cerebro. Existen personas autistas, personas con síndrome de Down, personas con TDAH, personas con Asperger y muchísimas otras formas diferentes de funcionar. Pero siguen siendo personas, exactamente igual de válidas que tú y que yo.
Y, aun así, todavía queda mucho por aprender. Sin ir más lejos, en películas, series e incluso en la vida real, muchas veces se representa a las personas neurodivergentes desde el estereotipo, la burla o la condescendencia. Siempre aparece el típico personaje “rarito” al que todos miran como si no entendiera nada o como si fuera menos capaz. Y no, no funciona así. Lo único que ocurre es que su cerebro procesa el mundo de otra manera. Pero parece que a la sociedad todavía le cuesta entender algo tan básico.
Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta del daño que podemos hacer. Hay gente que habla a las personas autistas como si fueran niños pequeños, aunque sean adultas. Otras personas sienten pena automáticamente, como si no pudieran pensar, decidir o expresarse por sí mismas. Y todavía hay quienes usan palabras ofensivas para burlarse de personas neurodivergentes o de personas con discapacidad. Eso no debería normalizarse nunca.
Particularmente, a mí me parece muy fuerte que muchas veces las personas más crueles sean precisamente las que luego hablan de empatía en redes sociales. Mucho discurso bonito, hasta que alguien es un poco diferente. Parece que a veces la gente solo entiende la diversidad cuando la tiene cerca, cuando la persona neurodivergente es su hermano, su madre, su pareja o su amiga. Y, sinceramente, creo que ya va siendo hora de comprender que no hace a nadie menos válido ni menos capaz. Simplemente implica otra forma de procesar el mundo.
Y quizás el verdadero problema no esté en ellos. Quizás el problema está en una sociedad que solo acepta a quien se comporta exactamente igual que el resto.
¿Cómo piensa y se comporta realmente una persona autista?
Cada persona autista es diferente, igual que cualquier otra persona. Aun así, sí hay algunas características comunes que pueden ayudarnos a entender mejor cómo perciben el mundo. Cuando se comprende mejor el autismo, también es más fácil relacionarse con respeto, paciencia y naturalidad.
• Algo bastante común es que muchas personas autistas perciben el entorno de una forma más intensa. Los ruidos fuertes, las luces potentes, demasiada gente hablando a la vez o los espacios muy llenos pueden resultarles agotadores o sobreestimulantes. A veces, algo que para otra persona es “normal”, para una persona autista puede ser muy incómodo o difícil de gestionar.
• También pueden necesitar orden y rutina en su día a día. Saber qué va a pasar, tener horarios claros o repetir ciertas costumbres puede darles tranquilidad y seguridad. Por eso, algunos cambios inesperados pueden generar ansiedad o incomodidad, porque su cerebro funciona mejor cuando tiene estructura y estabilidad.
• Otra característica frecuente es la comunicación directa. Muchas personas autistas hablan de forma clara, literal y sincera. Suelen decir lo que piensan sin tantas indirectas ni dobles sentidos. A veces también pueden tener dificultades para interpretar el sarcasmo, ciertas bromas o expresiones ambiguas, porque entienden las palabras de una manera más exacta.
• Desde la Clínica Nea, un centro sanitario situado en Madrid, compuesto por un equipo multidisciplinar de neurología, neuropsicología, psiquiatría y psicología, añaden que muchas personas autistas desarrollan intereses muy intensos sobre temas concretos. Cuando algo les apasiona, pueden aprender muchísimo sobre ello y recordar una gran cantidad de información. Ciencia, música, historia, matemáticas, animales, informática… cualquier tema puede convertirse en un área de especial interés. Y muchas veces alcanzan un conocimiento muy profundo porque tienen una gran capacidad de concentración cuando algo les motiva.
• Suelen fijarse mucho en los detalles. Detectan patrones, errores o pequeños cambios que otras personas quizá no perciben. Por eso, algunas personas autistas pueden destacar en tareas técnicas, creativas, analíticas o que requieren mucha precisión.
• Además, algunas personas autistas realizan movimientos repetitivos para regularse emocionalmente o sentirse mejor. Por ejemplo, pueden mover las manos, balancearse, tocar objetos o repetir ciertos gestos. No lo hacen para llamar la atención, sino porque esa forma de autorregulación puede ayudarles cuando están nerviosas, cansadas o saturadas.
• Algunas personas autistas son más tímidas o reservadas y otras hablan muchísimo cuando están cómodas. A veces pueden tener dificultades para interpretar expresiones faciales, normas sociales o ciertas emociones de los demás, pero eso no significa que no tengan sentimientos o empatía, como mucha gente cree erróneamente. De hecho, muchas personas autistas sienten las emociones de forma muy intensa.
Como acabas de ver, el autismo no significa ser menos. Significa que el cerebro de una persona funciona de una forma diferente, con otras necesidades, otras formas de comunicarse y otras maneras de percibir el mundo.
Las personas autistas pueden tener grandes capacidades
Mucha gente piensa que una persona autista tiene menos capacidad intelectual, pero esa idea es un prejuicio. La realidad es que las personas autistas son muy diversas: algunas tienen altas capacidades, otras necesitan más apoyo y otras se encuentran en puntos intermedios, como ocurre en cualquier grupo humano.
Muchas personas autistas pueden tener una capacidad mental impresionante, especialmente en temas concretos que les apasionan. Uno de los rasgos comunes en muchas de ellas es que desarrollan intereses muy intensos sobre ciertos temas. Pueden aprender muchísimo sobre música, matemáticas, ciencia, historia, informática, animales, letras, trenes, espacio o cualquier otra área que les motive. Cuando algo les interesa, pueden llegar a un nivel de conocimiento muy profundo.
Además, muchas personas autistas tienen un pensamiento muy analítico. Se fijan en detalles que otras personas no ven, detectan patrones, recuerdan datos con mucha precisión o tienen una gran capacidad de concentración cuando algo realmente les interesa.
A lo largo de la historia ha habido personas autistas o con rasgos asociados al espectro que han destacado en diferentes áreas: ciencia, música, programación, arte, matemáticas o investigación. Personas con formas de pensar distintas han aportado muchísimo al mundo, aunque muchas veces la sociedad haya tardado demasiado en entenderlas.
Creo que confundimos mucho “ser sociable” con “ser inteligente”, y no tiene nada que ver. Que una persona no mire mucho a los ojos, sea más callada o tenga dificultades para interpretar ciertas situaciones sociales no significa que sea menos inteligente. Pero vivimos en una sociedad tan obsesionada con aparentar normalidad que enseguida juzgamos a quien se comporta de forma diferente.
El problema nunca ha sido su inteligencia. El problema es que muchísima gente sigue sin molestarse en entender cómo funciona el autismo.
No todas las personas autistas son iguales
No existe “un único tipo” de autismo. Cada persona es diferente. Algunas son más sociables, otras más reservadas, algunas necesitan más apoyo y otras hacen una vida completamente independiente. Por eso también es absurdo pensar que todas las personas autistas actúan igual.
Hay algunas características que suelen repetirse. Por ejemplo, muchas personas autistas pueden sentirse incómodas con ruidos fuertes, luces intensas o lugares muy llenos de gente. Otras veces pueden tener dificultades para entender bromas, ironías o ciertas normas sociales. También pueden repetir movimientos, hablar mucho de temas que les apasionan o necesitar rutinas para sentirse tranquilas. Pero nada de eso significa que sean menos capaces.
Un ejemplo que me gusta mucho es The Chosen, con el personaje de Mateo. En la serie se representa como una persona con rasgos asociados al Asperger y me parece interesante porque muestra algo importante: Mateo no es menos inteligente. De hecho, muchas veces demuestra una gran capacidad en matemáticas, contabilidad y análisis. Simplemente se comunica y actúa de una manera diferente.
Entonces, ¿qué debemos tener en cuenta?
• Paciencia, respeto y sin un juicio constantemente.
• No hacer burla si hablan, se expresan o se comportan de una forma distinta.
• Jamás obligar a socializar todo el tiempo.
• Sin infantilizar a nadie.
• No tratarlos como si fueran incapaces.
• Hablar de forma clara y directa, porque muchas personas autistas entienden mejor la comunicación sencilla que las indirectas, los dobles sentidos o el sarcasmo constante.
• Escucha activa, mucha gente habla sobre las personas autistas, pero muy poca se molesta en escuchar cómo se sienten realmente.
Hay muchos tipos de personas neurodivergentes y todas merecen respeto
Por ejemplo, las personas con síndrome de Down muchas veces son tratadas como si nunca pudieran hacer nada por sí mismas, y eso no es justo ni realista. Como cualquier persona, trabajan, estudian, tienen relaciones, aprenden constantemente y llevan vidas mucho más autónomas de lo que algunas personas creen. Pero seguimos infantilizándolas, hablándoles de forma extraña o actuando como si no entendieran nada.
Pasa algo parecido con el Asperger. Durante años, mucha gente ni siquiera sabía qué era realmente. Simplemente llamaban “raras” a personas que tenían dificultades sociales o intereses muy intensos. Pero muchas personas con Asperger tienen grandes capacidades, inteligencia y talento. El problema es que la sociedad espera que todo el mundo socialice de la misma manera.
El TDAH es otra realidad que también se malinterpreta muchísimo. Todavía hay quien dice que es solo “querer llamar la atención” o “no esforzarse suficiente”. Pero no es lo mismo distraerse de vez en cuando que vivir con una mente que no para, con dificultades reales para concentrarse, organizarse o controlar impulsos. Muchas personas con TDAH son creativas, inteligentes y tienen muchísimo talento, aunque necesiten otras herramientas para funcionar mejor.
Estas personas tienen sentimientos, como tú y yo, y sufren cuando se las trata como si fueran menos, como a todos. Solo quieren que se las trate con respeto, como a iguales, porque eso es lo que son. Durante demasiado tiempo muchas han recibido burlas, rechazo o incomprensión. ¿Y si empezamos a hacer lo contrario? ¿Y si dejamos de intentar que todas las personas encajen en el mismo molde?
Da igual cómo hables, pienses, te vistas, seas o socialices. Ser diferente no significa valer menos.
Debemos ser más empáticos y menos egoístas
Creo que el mundo sería muchísimo mejor si dejáramos de pensar tanto en nosotros mismos y empezáramos a tener un poco más de empatía con los demás. Muchas veces tratamos mal a personas neurodivergentes porque nos incomodan, porque no actúan como esperamos o porque no entendemos su forma de estar en el mundo. Y eso me parece tristísimo, porque debe ser muy duro vivir sintiendo que la gente te juzga, te mira raro, se ríe de ti o piensa automáticamente que eres menos capaz solo por comportarte diferente.
Muchísimas personas autistas pasan años haciendo esfuerzos enormes para adaptarse: aprenden a copiar comportamientos sociales, fingen sentirse cómodas en situaciones que les agobian o intentan parecer “normales” para evitar comentarios, burlas o rechazo. Y a mí me parece muy injusto que sean siempre ellas quienes tengan que adaptarse, mientras la sociedad ni siquiera intenta entenderlas un poco más.
Nos falta muchísimo respeto. Hay bromas que no tienen gracia, como imitar a personas neurodivergentes, usar insultos relacionados con discapacidades o tratar a alguien como si fuera inferior. Nunca debería parecernos divertido. No tenemos ni idea del daño que podemos hacer. Un comentario “sin mala intención” puede afectar profundamente a la autoestima de una persona y dejar una huella durante años.
Creo que la empatía debería empezar por cosas simples:
• Escuchar más.
• Juzgar menos.
• Tener paciencia.
• Entender que no todo el mundo vive el mundo igual que nosotros.
Nadie elige ser autista, tener TDAH o síndrome de Down, pero sí elegimos cómo tratamos a esas personas. Pienso que habremos avanzado de verdad como sociedad cuando dejemos de tratar mal a quienes son diferentes, cuando decidamos unirnos más que separarnos, incluir más que apartar y comprender más que señalar.
Así que no, no quiero seguir viendo películas donde se ridiculiza a personas autistas, ni quiero seguir escuchando insultos hacia personas neurodivergentes. Son personas. Y ya va siendo hora de empezar a tratarlas como tal.









