Es posible encontrarse con una piscina en la que no apetece ni meter los pies en remojo: vieja, sucia, con grietas… Vamos, que necesita un lavado de cara y no se lo hacen. Es probable que los que tienen la piscina en malas condiciones piensen que no se puede hacer nada al respecto salvo reconstruirla de nuevo, aunque se equivocan. Cada vez es más frecuente recurrir a la rehabilitación de piscinas y los resultados son más que sorprendentes. Tan solo es necesario saber cuál es el momento adecuado para realizar esa rehabilitación y dejar la piscina como nueva sin tener que recurrir a aparatosas obras de reconstrucción.
Cada año en primavera se repite la escena de miles de propietarios que preparan su piscina para la temporada de verano y, mientras realizan las necesarias tareas de limpieza o puesta a punto, se dan cuenta del paso de los años y la huella que han dejado. El revestimiento ya no es uniforme; existen fisuras superficiales; los colores se han apagado y el borde de la piscina presenta signos de desgaste. Una imagen general que transmite una sensación de antigüedad que no hace más que desentonar con el resto de las instalaciones y la vivienda.
En la mayoría de estos casos, las piscinas siguen siendo totalmente funcionales a nivel estructural. El vaso mantiene la estabilidad, la instalación hidráulica continúa operativa y la construcción mantiene las condiciones necesarias para poder seguir prestando servicio algunos años más. El problema no se encuentra en la estructura, sino en el envejecimiento natural de los acabados y los materiales que se encuentran expuestos de forma permanente al agua, los rayos del sol, los productos químicos y los cambios de temperatura.
Esta realidad ha hecho que se modifique la forma de entender las reformas de los espacios exteriores. Hace tan solo unos años, una piscina con estas características de envejecimiento se asociaba a una demolición parcial o total para poder ejecutar una construcción nueva. En la actualidad, la evolución de los materiales técnicos, los sistemas de revestimiento y las soluciones de rehabilitación hacen posible que se pueda recuperar la funcionalidad y la imagen de la piscina sin tener que empezar desde cero.
Más que una solución provisional
El mercado está respondiendo a esta transformación que hace que la rehabilitación sea una estrategia de mejora. Algo que hemos podido comprobar en RAMA Piscinas, especializada en la construcción de piscinas, combinando experiencia, innovación y acabados de máxima calidad, es que no solo realiza los procesos integrales de construcción de piscinas, sino que también se ocupa de la rehabilitación, ya que cada vez son más los propietarios que priorizan la rehabilitación para prolongar la vida útil de la piscina. Con la rehabilitación se adaptan a las tendencias más actuales y se hace una inversión más eficiente.
Esta evolución es la respuesta a los aspectos económicos y a una mayor conciencia respecto al aprovechamiento de los recursos, la reducción de los residuos y la optimización de los tiempos de ejecución.
La rehabilitación ha dejado de entenderse como una solución temporal para convertirse en una estrategia de mejora patrimonial. Consiste en intervenir solamente en los aspectos realmente necesarios, conservando todo aquello que conserva sus prestaciones y actuando sobre los elementos que condicionan la estética, el confort o la durabilidad en su conjunto.
Esta tendencia cobra fuerza cuando se acerca el verano, momento en el que los propietarios buscan obras de ejecución rápida, limpia y planificable que permitan disfrutar de la piscina durante la temporada de baño y evitar los largos periodos de inactividad que pueden conllevar una obra de mayor envergadura y, a todas luces, innecesaria. Dentro de este contexto, la rehabilitación de piscinas proporciona la respuesta más eficaz.
Este cambio de paradigma se debe a varios factores, como la diferencia de costes frente a lo que supone una demolición completa, la reducción de los tiempos de ejecución, el aprovechamiento de la estructura existente, la posibilidad de actualizar por completo la imagen de la piscina y el incremento del valor de la vivienda que aporta.
Desde un punto de vista técnico y económico, uno de los argumentos más sólidos para realizar una rehabilitación es la optimización de la inversión. La demolición de una piscina conlleva mucho más que retirar un revestimiento deteriorado. Supone la ejecución de una demolición controlada, la gestión de unos grandes volúmenes de residuos, el transporte de todo el escombro producido, la preparación del terreno de nuevo y la reconstrucción de todos los elementos estructurales. Cada una de estas fases hace que el coste del proyecto se vea incrementado notablemente, sobre todo si se compara con lo que supone una rehabilitación.
Cuando la estructura de la piscina mantiene unas adecuadas condiciones de estabilidad y estanqueidad, la mayoría de los trabajos previamente citados dejan de ser necesarios. La intervención a realizar se centra en la renovación de las superficies, las reparaciones localizadas de los defectos pequeños y la aplicación de los nuevos sistemas de revestimiento que se adaptan a las exigencias actuales.
Este planteamiento hace posible que la inversión se destine a la mejora del rendimiento y del aspecto de la piscina, lo que supone evitar unos gastos derivados de actuaciones que en realidad son innecesarias. El resultado es una reforma más eficiente económicamente y perfectamente capaz de ofrecer las mismas prestaciones que una piscina recién construida.
Una obra más corta que permite utilizar la piscina más pronto
Cualquier tipo de obra se supedita a un calendario, pero las obras a realizar en las piscinas vienen muy condicionadas por el calendario. Las obras de construcción tienen muchas fases sucesivas que empiezan con la demolición y la excavación para seguir con la preparación del soporte, la ejecución estructural, las instalaciones, la impermeabilización, los revestimientos y los acabados finales. Todo ello implica semanas o meses de trabajo antes de que la piscina pueda estar operativa y ser utilizada.
La rehabilitación modifica por completo el escenario. Al conservar el vaso existente, la mayor parte de la obra se centra en preparar el soporte y aplicar los nuevos sistemas técnicos que permiten recuperar las prestaciones originales. Esto reduce de forma considerable la duración total de la obra y facilita la planificación, que puede ser más ajustada.
Para los propietarios de viviendas particulares, comunidades, hoteles o complejos turísticos, la rapidez que ofrece la rehabilitación se convierte en una ventaja decisiva. Disminuyen las molestias, se reduce la ocupación de la zona de trabajo y se permite que se puedan disponer de las instalaciones en un periodo de tiempo más corto.
Uno de los principios más importantes de la rehabilitación es la conservación de aquello que funciona de forma correcta. En muchas piscinas construidas hace veinte o treinta años, la estructura mantiene un excelente comportamiento mecánico y los problemas que presentan son en los revestimientos envejecidos, las juntas deterioradas, la pérdida de color o pequeños defectos superficiales que se producen a consecuencia del uso.
Desde un punto de vista técnico, sustituir una estructura que es válida supone una actuación poco eficiente. La rehabilitación permite que se aproveche la base constructiva, se refuercen los puntos que lo requieren y se actualicen por completo las capas más superficiales.
Con este enfoque se responde a los criterios de sostenibilidad cada vez más presentes en el sector de la construcción, se reduce la generación de residuos, disminuye el consumo de las materias primas y se prolonga la vida útil de las infraestructuras existentes.
Como bien sabemos, las tendencias de diseño evolucionan con mucha rapidez y eso no escapa a las piscinas. Los acabados de hace veinte años transmiten a día de hoy una imagen anticuada. Las tonalidades oscuras, los revestimientos excesivamente brillantes o las superficies deterioradas afectan a la percepción global del espacio exterior, aunque la piscina funcione a la perfección.
Las soluciones de rehabilitación actuales permiten hacer una transformación total de la estética mediante la colocación de sistemas de revestimiento de altas prestaciones que reproducen texturas minerales, acabados continuos o superficies de aspecto natural.
La renovación visual alcanza el interior del vaso, las playas, las coronaciones y las zonas perimetrales, haciendo que la integración sea más armónica con los jardines, las terrazas y la arquitectura más contemporánea.
En la actualidad, la piscina ha dejado de ser un elemento contemporáneo y se ha convertido en uno de los espacios de mayor disfrute de los hogares. En las viviendas unifamiliares, las promociones residenciales y las propiedades destinadas al alquiler vacacional, el estado de conservación que presente una piscina va a influir directamente en la percepción que se tenga del inmueble.
Una instalación envejecida transmite sensación de falta de mantenimiento, lo que produce incertidumbre sobre la inversión necesaria. Una piscina rehabilitada con acabados actuales y materiales de elevada calidad transmite todo lo contrario: imagen cuidada, modernidad y valor añadido.
Esta mejora repercute de forma muy positiva en el atractivo comercial de la vivienda y puede convertirse en uno de los factores diferenciadores a la hora de vender o alquilar el inmueble.
En definitiva, la piscina tiene que cuidarse, mantenerse y conservarse, por lo que hacer una rehabilitación a tiempo elimina la necesidad de tener que recurrir a una obra de mayor envergadura y coste, evitando largos tiempos en los que no se puede utilizar.









